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Tsunamis, ONGs, Ciudadanía y Ayuntamientos
     01/02/2005 [Pueblos.Revista de información y debate]

La magnitud del desastre provocado por el tsunami en el Sureste asiático nos ha afectado profundamente. Como sucedió ya hace unos años con el huracán Mitch, la solidaridad de la sociedad continúa estando a la altura de las circunstancias.

En las primeras semanas es necesario intervenir con urgencia para evitar epidemias y asegurar el subministro básico a la población, tarea que han de realizar los propios gobiernos, los organismos internacionales y algunas (pocas) ONGs especializadas en actuaciones de emergencia. Ahora bien, hace falta también planificar un inmenso programa de reconstrucción de las zonas devastadas, un programa que tomará años y en el que las ONGD volverán a tener un rol importante. Pero, eso sí, la planificación de sus actuaciones y la puesta en funcionamiento de sus programas de reconstrucción todavía tomará su tiempo.

Las grandes ONGD catalanas (y españolas), las que aparecen en los medios de comunicación, tienen poca o nula experiencia de trabajo, infraestructura y falta de contrapartes locales en la región afectada, ya que, históricamente, Asia es un continente que nunca ha sido prioritario en sus programas de trabajo. Ante estas circunstancias se verán forzadas a ir de la mano de sus ONGs homónimas europeas implantadas en la zona, reforzando macroestructuras y alejándose todavía más de la sociedad civil que dicen representar. Aún así, no han tardado en dar a conocer sus números de cuentas bancarias, hacer publicidad y recibir donaciones. Llegando hasta el punto que una de las ONG más conocidas ya ha anunciado públicamente que no aceptará más donaciones porque con los fondos recibidos a principios de enero ya cubrían las intervenciones que podían asumir. Manifestaciones de este tipo ¿no pueden llevar a la percepción errónea de que las donaciones ya son suficientes para paliar los efectos de la catástrofe, algo totalmente ajeno a la realidad?

Así las cosas, la ciudadanía que quiere colaborar se encuentra en la tesitura de tener que escoger la ONGD con la que lo hará y para qué lo hará: emergencia o reconstrucción.

Las preguntas son: ¿En base a qué criterios? ¿Es que hay unas mejor que otras? Siempre me he preguntado por qué frente a desgracias tan inmensas, no se ponen de acuerdo para actuar unitariamente, se coordinan entre ellas y, además de recoger fondos, no hacen de la crisis una oportunidad, aprovechando la situación para hacer un poco de pedagogía de lo positivo que supone la pluralidad de ONGD, grandes y pequeñas, si lo que queremos realmente es una sociedad participativa y democrática. Mi respuesta personal es que, para muchas ONGs la solidaridad se ha convertido en una mercancía como otras, con sus cuotas de mercado, estrategias, etc. y venderá más quien haga mejor trabajo... de márqueting, claro.

Por suerte, no sucede lo mismo con las aportaciones de muchos municipios catalanes. El Fons Català de Cooperació al Desenvolupament, un ente que acoge a casi trescientos ayuntamientos y "consejos comarcales" catalanes, está realizando una magnífica tarea de coordinación y de gestión de los recursos obtenidos, tanto en base a las aportaciones provenientes de las arcas municipales como de las campañas unitarias llevadas a cabo en algunos municipios, tomo a Manresa como ejemplo.

Con los fondos recogidos se abrirá una convocatoria para financiar proyectos de reconstrucción a TODAS las ONGD que presenten sus propuestas y que serán aprobados o no en función de su calidad, independientemente de quién las presente, posibilitando así que las pequeñas asociaciones puedan acceder a unos fondos que la dura competencia en el mercado de la solidaridad les niega. Hemos de recordar que, además de las ONGD “mediáticas” hay muchas otras, pequeñas, que basándose en el trabajo voluntario, actúan localmente, trabajando desde hace tiempo con contrapartes en las zonas afectadas y que también están en condiciones de hacer un muy buen servicio.

En el magnífico estudio Las ONG en la globalización, Carlos Gómez Gil apunta que éstas están convirtiéndose en un elemento más de la mundialización y de la extensión de una sociedad neoliberal. Sin desestimar y agradeciendo el gran trabajo de presión que ejercen algunas de las grandes ONGs, apoyando también las pequeñas iniciativas se puede reforzar la sociedad civil, dar un giro a esta tendencia... y establecer vínculos directos entre poblaciones, dando sentido a aquel principio básico de la solidaridad que dice que es la ternura de los pueblos.