Las organizaciones humanitarias empiezan a llegar a las localidades más afectadas después de sortear carreteras anegadas y vías cortadas.
"Estamos haciendo muy poco de momento". Así lo ha reconocido el coordinador de ayuda de emergencia de Naciones Unidas, Jan Egeland, una de las voces que desde ayer está alertando a la comunidad internacional de la necesidad de acelerar la entrega de medicamentos, alimentos y agua potable en las zonas más afectadas por el 'tsunami' para evitar que la cifra de muertos siga creciendo y comiencen a propagarse las epidemias.
Las organizaciones humanitarias empiezan a llegar a las localidades más afectadas después de sortear carreteras anegadas y vías cortadas. Sus primeras impresiones señalan que las necesidades son mayores de lo que en un primer momento se pudo pensar, todos coinciden, además, en que la desorganización y la falta de coordinación entre gobiernos, ejércitos y voluntarios internacionales están retrasando la atención a las víctimas.
En algunos aeropuertos locales, por ejemplo, las cajas de material llegadas en avión desde todo el mundo siguen apiladas en los hangares a la espera de encontrar un medio de transporte para su reparto.
De hecho, la ONU reconoce que sólo una fracción de las toneladas de material donado por 60 países diferentes ha llegado ya a su destino. "Posiblemente hasta cinco millones de personas no tengan acceso a aquello que necesitan para vivir en estos momentos" ha reconocido el director del equipo de crisis de la Organización Mundial de Salud (OMS), David Nabarro, "o no pueden tener agua, o su sanidad es inadecuada o no pueden obtener comida".
Sin embargo, otras voces dentro de Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud insisten en las dificultades que tiene coordinar una operación de emergencia de esta envergadura, que afecta a 11 países diferentes, y han negado que se estén produciendo retrasos innecesarios. "Cuando las infraestructuras, las comunicaciones y la burocracia están destruidas, lleva más tiempo hacer que las cosas funcionen", se defiende un responsable de ayuda en catástrofes de la ONU, Arjun Katoch.
Alimentos y agua potable
"En mi casa viven cinco familias y no hemos comido nada desde hace tres dias", se quejaba un ciudadano de Sri Lanka a la agencia Reuters. No es el único, en la provincia de Aceh, al noroeste de Indonesia, una de las más devastadas del país, los primeros camiones de ayuda fueron recibidos con gritos de "arroz, arroz, arroz" por cientos de personas que no habían comido nada desde el domingo.
"Nos llevará al menos 48 ó 72 horas ser capaces de responder a los cientos de miles de personas que tendrían que ser asistidas hoy mismo, o ayer incluso", reconocía por su parte Egeland desde el cuartel general de la ONU en Nueva York, "y creo que la frustación irá creciendo en los próximos días, e incluso semanas".
Las previsiones no satisfacen en absoluto a las ONGs que han empezado a trabajar sobre el terreno: "dada la magnitud de la tragedia, el liderazgo de Naciones Unidas es fundamental", ha declarado Jasmine Whitbread, director de Oxfam internacional. "Los próximos 10 días son críticos", ha añadido, por su parte, Phil Bloomer, de esta misma organización.
En su opinión, la comunidad internacional debe ser consciente de la importancia que tiene una respuesta a corto plazo, "el peligro es que los donantes se demoren dos semanas como han hecho en otros desastres".
Y es que la preocupación se vuelca ya completamente en cuidar de los supervivientes, dadas las dificultades de encontrar más cuerpos con vida entre los escombros. En Sri Lanka, donde ayer llegó un equipo de Médicos del Mundo procedente de Madrid, se habla, aunque no oficialmente, de la aparición de los primeros casos de sarampión y cólera. "Los hospitales locales están muy desbordados" reconocía la presidenta de esta organización, Teresa González Galiana, "pero a pesar de todo, el sistema de salud nacional está reaccionando todo lo bien que puede".
La principal preocupación sigue estando en la propaganción de epidemias a gran escala, debido sobre todo al hacinamiento de los cuerpos en los campamentos y los cadáveres en las calles, al consumo de agua contaminada y a la presencia de mosquitos propagadores de virus y bacterias.
Unicef y la OMS han recomendado que cada afectado reciba al menos 19 litros de agua potable para combatir las enfermedades diarreicas que pueden empezar a aparecer. En Maldivas y Sri Lanka se han registrado los primeros casos de escasez de suministro del líquido elemento, por lo que se espera con desesperación la llegada de pastillas purificadoras, depósitos de agua y máquinas depuradoras.
A todo ello se suma el peligro que suponen las minas antipersona en países como Sri Lanka, azotado por un conflicto civil que dura ya 30 años. Las inundaciones han desplazado y escondido los artefactos y también las señales de advertencia donde antes había zonas minadas. UNICEF teme que el regreso de los civiles a sus hogares pueda traer consigo nuevas desgracias.
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