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El tsunami y la guerra entre facciones provocan una "devastación masiva" en Somalia
     09/04/2005 [Europa Press]

El rechazo a la intervención internacional y los combates entre señores de la guerra aumentan el caos

La situación en Somalia responde a una "devastación masiva" en la que los estragos provocados por el maremoto del pasado 26 de diciembre en sus lejanas pero endebles estructuras y la guerra entre facciones han agravado el caos que sufre el país desde 1991, cuando desapareció su último gobierno central, según alertó un alto funcionario somalí esta semana en una reunión del consejo de gobierno del programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (UN HABITAT).

Los síntomas en el país no son en la actualidad muy distintos a los que a comienzos de los años noventa provocaron la muerte de más de un millón de personas, esto es, combates entre señores de la guerra incapaces de hacer frente a la hambruna y a las sequías y un caos generalizado en el que no es posible ni siquiera admitir la presencia de fuerzas extranjeras, que provocan recelos de un tipo o de otro según la facción de la que se trate.

Junto a esto, este antiguo protectorado británico y colonia italiana en continuo conflicto territorial con vecinos como Etiopía, Kenia y Yibuti sufre una crisis de identidad en la que ni siquiera su gobierno encuentra un lugar donde establecerse. De hecho, el Gobierno y el Parlamento se encuentran asentados en Kenia al considerar que la capital somalí, Mogadiscio, no es suficientemente segura y, peor aún, en su seno, formado por antiguos señores de la guerra, sus miembros llegan incluso a las manos, como ocurrió hace menos de un mes, mientras sus grupos armados combaten sobre el terreno.

Un ejemplo de estas desavenencias son los enfrentamientos armados entre los propios parlamentarios por el nombre de la capital administrativa del país. Recientemente, una milicia dirigida por un señor de la guerra con representación parlamentaria y opuesto a los planes del nuevo Gobierno de instalarse en la ciudad de Baidoa tomó el control de este importante enclave comercial del suroeste del país y dejó una vez más en duda la validez del actual proceso de paz.

En concreto, este combate en Baidoa se produjo entre un clan aliado con la vecina Etiopía, dirigido por este legislador, Hassan Mohamed Nur Shargudud, y un grupo liderado por otro legislador, Mohamed Ibrahim Habsadeh, tras el que el primero logró el control de la ciudad, a 300 kilómetros al noroeste de Mogadiscio.



BASURA, ENFERMEDAD Y CARESTÍA

En su comparecencia ante la UN HABITAT, el representante somalí, Qasim Hersi Farah, habló de la "basura", "enfermedad" y "carestía" con la que deben convivir sus compatriotas. "A causa de los frecuentes movimientos y de los desplazamientos internos debidos a la guerra civil, algunas áreas de las ciudades somalíes se encuentran extremadamente sobrepobladas mientras que otras han quedado desérticas y se han convertido en barrios fantasma", señaló.

"Esto ha provocado grandes acumulaciones de basura por todos los sitios, escasez de alojamientos (y) agua, así como la creciente propagación de enfermedades contagiosas", conrinuó este responsable en la reunión en la que 58 representates de países discutieron esta semana en Nairobi fórmulas para cumplir los Objetivos del Milenio.


Los delegados somalíes calculan que alrededor del 85 por ciento de su población vive en la actualidad en casas parcialmente destruidas o en chabolas. El cuadro ofrecido por los delegados de este país devastado por quince años de guerra se acoge tanto a las áreas postconflicto como a las azotadas por desastres de origen humano y natural, ya que el maremoto de hace tres meses en el Índico dejó a 20.000 personas necesitadas de ayuda.

UN HABITAT estima que más de 1.500 edificaciones y 40 localidades en el noreste de Somalia resultaron dañados por el tsunami. La agencia aspira a reconstruir mil de estas casas y construir otras nuevas quinientas, en lo que invertirá dos millones de dólares.

Además, Farah explicó que este desastre, la guerra y las sequías han hecho que la sociedad somalí abandone su tradicional forma de vida pastoral, ya que "se estima que no menos del 60 por ciento de la población vive en áreas urbanas sin alojamiento adecuado", lo que llama la atención en un país donde "el 75 por ciento de la población era nómada y granjera antes de los años ochenta".



RETRASO EN EL RELOJ DEL DESARROLLO


En una visión global, la crisis en Somalía y en otros países puede, según el programa de Naciones Unidas, "retrasar el reloj del desarrollo", a la vista sobre todo de que la mayoría de las víctimas somalíes son civiles, muchos mujeres y niños, y de que, a nivel más amplio, en la actualidad en el mundo hay unos 20 millones de refugiados y 25 millones de refugiados internos.



Otro de los aspectos que retrasa este reloj del desarrollo es el de la falta de compromisos medioambientales en regiones sometidas a sequías y a otro tipo de dificultades. En el caso de Somalia, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) asegura que el tsunami agravó la contaminación provocada en sus costas y playas del país por los residuos radiactivos vertidos durante años por las industrias de los países ricos.



El PNUMA recuerda que Somalia es uno de los muchos países catalogados como "menos avanzados" y advierte de que sus costas se han convertido en grandes vertederos para residuos tóxicos y radiactivos, en este caso debido a la guerra civil y a la práctica inexistencia de estructuras administrativas en las últimas décadas.



Así, desde principios de los años ochenta, las aguas territoriales y las costas somalíes han recibido vertidos de uranio, metales pesados extremadamente contaminantes como plomo, cadmio o mercurio, difíciles y caros de tratar en el Norte, así como residuos tóxicos procedentes de hospitales o industrias químicas o de las propias ciudades somalíes.



Gran parte de estos residuos eran simplemente arrojados a las playas en contenedores, barriles y tanques, sin precaución alguna para las poblaciones de la zona o el impacto medioambiental, una práctica que, según la ONU, arroja "dudas tanto legales como morales", ya que viola los tratados internacionales de exportación de residuos tóxicos y resulta "éticamente cuestionable"



ARMAS A PESAR DEL EMBARGO



De la ONU llegan otras denuncias acerca de lo que sucede en este país, aunque referidas a asuntos distintos, como la vulneración del embargo de armas. Un grupo de representantes de la ONU en el Cuerno de Africa denunció recientemente que las milicias somalíes continúan recibiendo armas y entrenando a combatientes, lo que provoca "grandes amenazas para el proceso de paz en Somalia".



Los representantes denunciaron que "desde febrero de 2004 se han descubierto 34 cargamentos de armas y se han producido numerosas violaciones del embargo de armas". "Los cargamentos han pasado de contener armas individuales a contenedores llenos de explosivos, minas y tanques", añadieron.



Por otro lado "el mercado de armas de Bakaará en Somalia y el Golfo Pérsico son grandes fuentes de armas usadas en conflictos violentos, la mayor parte de las cuales llegan por mar y por carretera", añadieron estos representantes.



Somalia se encuentra sumida en el caos desde 1991. Antes fue una democracia entre 1960 y 1969, cuando un golpe dirigido por Siyad Barre instaló un régimen militar. En 1975, el país entró en guerra con Etiopía y en 1990 Barre autorizó una constitución, pero un año después una insurrección dejó más de 300.000 muertos y una marea humana que huía hacia los países vecinos.



Desde entonces, el país quedó convertido en un campo de batalla de clanes y las intervenciones internacionales no tuvieron éxito. En octubre de 2002 comenzaron las negociaciones de paz y en julio de 2003 se alcanzó un acuerdo que establecía la formación de un gobierno interino, pero pronto surgieron opositores.