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Mozambique: el ciclón IDAI y el viaje de las golondrinas

Mozambique: el ciclón IDAI y el viaje de las golondrinas

En los últimos días del verano austral, el devastador ciclón Idai que tocó tierra el pasado 14 de marzo en las costas de Mozambique, a la altura de la ciudad portuaria de Beira, en el centro del país, ha vuelto a anegar la esperanza de cientos de miles de personas. El FAMSI ha expresado su apoyo y solidaridad al pueblo mozambicano, a través de una carta enviada a la Asociación Nacional de Municipios.

La esperanza de tantísimas personas que más allá de sobrevivir día a día en uno de los países más pobres de la tierra (puesto 180 en el IDH 2017 entre 189 países, con una renta per cápita de 376 dólares USA, lo que le sitúa en el puesto 191 entre los 196 países incluidos en el ranking del PIB per capita) venían conociendo tiempos algo mejores hasta que llegó Idai.

Tiempos mejores porque Mozambique cuenta hoy con mas escuelas que hace 20 años; aunque precarios, con más centros de salud; aunque aún deficitarias, con más carreteras que unen el norte y el sur de este enorme país con mas de 3.000 km de costa sobre el Océano Índico y 786.380 Km2  de superficie, en donde conviven casi 30 millones de habitantes de diferentes etnias, que hablan una docena de idiomas y profesan distintas confesiones religiosas.

Pero, aun así, la mayoría de la población sigue viviendo en el inmenso “mato”, en el campo, en donde no hay casi nada. Campesinado de producción familiar para la subsistencia, sin acceso a los recursos más básicos, que lejos de las luces de la ciudad o de esa nueva carretera que une Maputo con Nampula y Pemba a través de Beira, continúan en condición permanente de pobreza extrema y vulnerabilidad.

Esa es la población fundamentalmente damnificada por Idai. No porque no lo sean los habitantes de la propia Beira, que también, pues la ciudad ha quedado arrasada; ni los de los puestos administrativos de Sofala, que es la provincia más afectada; ni los de sus localidades que es como se conoce en Mozambique a los pueblos pequeños en donde suelen estar las escuelas y los pocos servicios públicos que existen.

Es la población más afectada porque es la que tiene mayor dificultad de acceso a los recursos que ahora puedan provenir de la ayuda internacional para intentar contener la emergencia humanitaria (declarada por la Oficina de las Naciones Unidas para los asuntos humanitarios, OCHA, de grado 3, el más alto). Es la población mas afectada porque por la mala suerte en el juego de la oca del destino y el infortunio, vuelven a la casilla de salida una vez más. Esto es: a la pobreza de antes de la pobreza. A la pobreza de ayer, de hoy (todavía peor) que quería resistirse a ser la pobreza “fósil”, la de siempre, la eterna…

Ya pasó en el año 2000, cuando una conjunción de lluvias torrenciales, la apertura de las presas de los países vecinos que no pudieron contener las aguas (lo que produjo el desbordamiento de los grandes ríos como el Zambeze y el Limpopo especialmente) y unas mareas que, actuando como una barrera, dificultaron el desagüe de tal cantidad de agua en el océano, en este país que es más llano que montañoso, anegó más de la mitad del territorio del sur de Mozambique. A dia de hoy, nadie sabe cuanta gente perdió la vida. El gobierno incapaz de informar de lo que estaba sucediendo a una población dispersa, aislada y sin medios de comunicación, se vio desbordado, impotente. Solo existía un helicóptero en todo el país para poder rescatar a la gente, como a aquella joven que, a punto de parir, aguantó en lo alto de una palmera. En 2013, sucedió algo similar.

Ahora, la comunidad internacional, especialmente con mayores ventajas logísticas comparativas, pero también España de la mano de la AECID, la Cruz Roja Española y ONG presentes en el terreno, han enviado equipamiento y recursos para paliar la emergencia humanitaria que a dia de hoy, además del rescate de los damnificados más aislados, se centra en la provisión de elementos que permitan su supervivencia tras el daño sufrido. Hablamos de hospitales de campaña, sistemas de aprovisionamiento de agua y saneamiento; alimentos, medicinas y en definitiva, insumos para garantizar la vida de las personas en estas condiciones de altísima vulnerabilidad. Difícil tarea dada la cifra de personas a ser atendidas: se habla de más de 700.000 de las que se tiene constancia o se intuye su existencia.

Mozambique y sus vecinos también afectados, están muy lejos y sus capacidades son escasas. Tiene la lejanía transcontinental con respecto a nosotros y le lejanía interna con respecto a la mayor parte de su población que vive alejada de los centros urbanos y en muchos casos incomunicada de facto.

Para gran parte de nuestra opinión pública, será una zona difícil de ubicar en un mapa, físico y mental. Máxime cuando la respuesta de los medios de comunicación ante esta catástrofe no ha sido tan persistente y detallada como en otros casos, en los que bien por facilidad de recursos para informar desde el terreno, bien por cercanía geográfica o cultural, como en el caso del terremoto de 2016 en Ecuador, si motivó una masiva respuesta de solidaridad en nuestra ciudadanía.

Una vez mas se pone de manifiesto que la intensidad de la ayuda ante una situación de estas características es proporcional a su tratamiento informativo y a la cercanía emocional con que la población perciba el sufrimiento de los otros y por tanto empatice con ellos.

Mozambique, esta lejos sí, pero muy cerca de nuestra solidaridad. La cooperación andaluza y española, tanto oficial como descentralizada como a través de las ONG, viene trabajando en Mozambique desde hace al menos 3 décadas en muy diferentes áreas, especialmente en el sector salud, en donde ha logrado grandes avances y también en el de educación, en el agroalimentario y en el de fortalecimiento institucional y de los servicios públicos.

Nuestra cooperación siempre ha sido bienvenida y apreciada en Mozambique. Son muchos los actores andaluces de toda índole, religiosos y laicos; públicos y privados, que llevan años contribuyendo al desarrollo del país. Desde aquella iniciativa de la Junta de Andalucia, el Hotel Escuela Andalucia que fue pionera en el sector del turismo allá a finales de los años 80 y primeros noventa, hasta hoy dia, Mozambique siempre ha sido un país de destino prioritario de la cooperación española y andaluza.

Y los que hemos tenido la dicha de poder trabajar junto a la gente de Mozambique, hablarnos en ese hermoso portugués africano y entendernos bien, siempre nos hemos sentido como en casa. Una casa a 8.000 km de nuestras costas. Una África profunda, heredera de una historia cruel de colonialismo, esclavitud, violencia y pobreza, que en cambio retorna a los forasteros con un “kanimambo”, esa expresión de gratitud que dicen allá, sobre todo en el sur, con una sonrisa en la boca y una mirada triste.

Tal vez ahora no tengamos la capacidad suficiente para echar una mano en la emergencia, pero tal vez mañana, en la reconstrucción, sí. 

Será como hacer el viaje de las golondrinas que en primavera llegan a nuestra tierra desde África austral, para criar aquí, pero luego regresan, atravesando todo el continente, para buscar de nuevo la primavera allá.

Moçambique, estamos juntos. A luta continua.
Jose Luis Corrionero.  Coordinador para África y Mediterráneo. FAMSI

FAMSI expresa su apoyo y solidaridad al pueblo de Mozambique.

 

Con esta noticia, el FAMSI quiere contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible:

 

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