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Hablamos de fronteras con Helena Maleno: "Hay un compromiso con la defensa de los Derechos Humanos que tiene que nacer de cada municipio"

Hablamos de fronteras con Helena Maleno: "Hay un compromiso con la defensa de los Derechos Humanos que tiene que nacer de cada municipio"

Son declaraciones de Helena Maleno, investigadora, periodista e integrante del colectivo Caminando Fronteras, en relación con el papel de los municipios y diputaciones ante la vulneración de los Derechos Humanos en la frontera sur. Estos días ha vivido muy de cerca la intimidación y las amenazas.

No ha sido la primera vez. Las más recientes, tras la entrada de un grupo de personas migrantes por la frontera de Ceuta, el pasado 6 de agosto. La versión oficial fue que un agente se había roto la tibia y el peroné al ser arrollado por una masa de inmigrantes. Helena Maleno denunció publicamente la falsedad de estas declaraciones y un vídeo confirmó que la fractura se produjo a causa de una brutal patada para contener la entrada. “Le sugiero silencio o va a morir. Está incomodando a las autoridades”. Estas palabras, acompañadas de una foto con una pistola y una bala, fue una de las respuestas que recibió a través de Twitter.  La ONG lanzó la pasada semana el Manifiesto Defender a quien defiente, para denunciar el hostigamiento y las amenazas a las que se ven sometidos/as, y cientos organizaciones, entre ellas el FAMSI, se sumó a la defensa de quienes defienden. Esta oleada de solidaridad ha simbolizado en el hashtag #DefenderAQuienDefiende, y en su adhesión al Manifiesto, el apoyo al trabajo a favor de los Derechos Humanos en situacones de extrema gravedad, y el rechazo y la alerta ante la proliferación de los delitos de odio y la impunidad de quienes los profieren. Con Helena Maleno hemos hablado de estos delitos de odio, y de la situación que se vive en la frontera sur.

La organización Caminando Fronteras está trabajando en Marruecos desde 2002 y en España desde 2008. Hablamos de un momento en que las migraciones estaban comenzando a crecer, ¿qué cambios has observado en la frontera?

Helena Maleno: “El cambio que se ha observado ha sido una mayor militarización de las fronteras. Mayor militarización, por un lado, porque cada vez esto da más beneficios, militarizar la frontera se ha convertido en un negocio más importante cada vez por todas las empresas que se han introducido en el mercado, que son empresas que tradicionalmente estaban vinculadas con la guerra y que han visto que provocar guerras produce un movimiento y que frenar ese movimiento también es un negocio. Y por otro lado, se ha producido en el Estado español una situación de miedo impulsada por la crisis económica pero también por esas políticas de los distintos gobiernos en las que la ciudadanía española siente cada vez más miedo, sienten que están en una situación de invasión, de avalancha… y esto genera un aumento del racismo, la intolerancia y la xenofobia en nuestro territorio. Por otro lado, hemos asistido a un reforzamiento cada vez más importante de las redes de trata. Nuestro mercado, el mercado europeo, cada vez pide más esclavos. Hay una reducción de derechos y cada vez se tolera más la esclavitud, sobre todo la esclavitud sexual, y en aumento de ese poder, en ese contexto de militarización, un aumento del poder de esas redes de trata, por un mercado que pide cada vez más mujeres y niñas para la explotación sexual”.

La organización Caminando Fronteras trabaja en educación, sensibilización, salud, pero a juzgar por lo que está sucediendo, parece que lo que más atención reclama es la ayuda de emergencia.

H.M.: “Sí, hay una ayuda de emergencia respecto al derecho a la vida, por ejemplo, cuando nos llaman desde la patera, o encima de la valla, pero hay una apuesta muy importante con las comunidades migrantes de una forma horizontal. Es decir, nuestra sensibilización no va tan dedicada a la ciudadanía de acogida o de tránsito, que también, a través de situaciones que denunciamos, sino a esa ciudadanía que está en movimiento y usamos sus estrategias de empoderamiento para acompañarles y empoderarles en su vida diaria. No es solo una vida de emergencia sino un trabajo con las comunidades migrantes de manera horizontal, en eso que ellos llaman ‘ciudadanía del movimiento’; intentan ejercer sus derechos como ciudadanos y ciudadanas en un contexto de no derechos. Y ese sentido empoderamos a líderes de las comunidades migrantes en el acceso a derechos donde es complicado, y les damos herramientas para trabajar el derecho a la vida en zonas de cruce, a las mujeres el acceso a salud sexual y reproductiva, trabajamos a través de brigadas en movimiento, que son brigadas de acceso a derechos, esa ayuda humanitaria de emergencia que tiene un fuerte contenido de construcción políticacomo se hace con las comunidades indígenas o comunidades también en movimiento en Latinoamérica. Por otra parte, trabajamos el tema de visibilizar la frontera sur como espacios de no derechos y espacios de excepción, una situación provocada por nuestras políticas migratorias y ese negocio que supone la frontera y la nueva esclavitud de las redes de trata. Hemos trabajado fuertemente en Tarajal, y ese trabajo con las comunidades migrantes nos permitió hacer un informe donde desvelábamos lo que realmente había pasado en Tarajal, desmontando mentiras oficiales, como ahora, con la patada del policía que decían que había sido agredido por las personas migrantes en la frontera de Ceuta. También en los países de origen ayudamos a identificar a los muertos, trabajamos con las familias en un proceso que se llama ‘transformar el dolor en justicia’, y las familias están apareciendo en todo ese panorama que es la frontera”.

Estamos contemplando reacciones radicales sin pudor, discursos de odio indisimulados, un ejemplo de ello es que el hashtag #stopislam llegara a ser tendencia en twitter, pero al margen de otras valoraciones, sorprende porque el delito de odio[1] está castigado en el Código Penal. ¿Qué está pasando para estas manifestaciones se extiendan tan impunemente?

“Bueno, eso forma parte de todo el tema de las políticas del miedo, durante mucho tiempo, de esa idea de que ‘nos están invadiendo’, las imágenes de Ceuta y de Melilla, legalizar en la ley de seguridad ciudadana as devoluciones en caliente que son, a todas luces, ilegales respecto a las convenciones internacionales y las leyes nacionales de un país democrático, es también fracasar en la integración de la población inmigrante, es que las mujeres nigerianas no han salido de ser esclavas sexuales, putas, negras, pobres, a las que se les puede quitar los hijos sin ningún tipo de problemas, o es como pasó recientemente a una chica, con la que se equivocaron en el test de ADN, y se quedó sin ver a su hijo hasta que le hicieron el segundo test, y se pudo verificar que era su hijo. Es toda esa sensación, por ejemplo, de que la crisis económica es responsabilidad de los otros, de los que trabajan en los invernaderos por dos duros, y no de todos los dirigentes que han estado robando de las cooperativas o los ayuntamientos que eran extremadamente ricos, y todo ese dinero se ha ido fuera del Estado español. Es desviar la atención de quiénes son los verdaderos responsables y es el proceso al que vamos. Como te decía, controlar el movimiento da dinero y las empresas necesitan cada vez más generar ese clima de odio hacia el que se quiere mover, para fomentar la esclavitud y seguir con su negocio. Yo lo repito muchas veces porque es importante que se sepa, Indra, que está investigada por presunta financiación ilegal del Partido Popular, es una de las empresas que más se ha enriquecido con ese discurso del odio, del control de fronteras. Las empresas de la guerra son las que más lobby están haciendo en la Unión Europea para sus políticas de fronteras y la ciudadanía está siendo un instrumento en manos de esa industria de la guerra”.

¿Cuáles son las vulneraciones de derechos que se están produciendo en esta frontera? ¿Por parte de quiénes?

H.M.: “Hablar de vulneraciones de derecho daría para varios folios. Desde el derecho a la educación, el derecho de los niños y niñas a tener una inscripción y una identidad, a tener una salud sexual y reproductiva, el derecho al aborto, a no sufrir trato inhumano y degradante, el derecho a la vida, el derecho a la libertad de movimientos, que también está reconodico, el derecho al asilo… Todos esos derechos se vulneran diariamente en las zonas de frontera. ¿Quiénes los vulneran? Pues desde los funcionarios que controlan esas fronteras, ya sea a un lado o a otro, hasta la propia ciudadanía de acogida y de tránsito, las distintas administraciones públicas, y las bandas criminales que operan amparadas por esa militarización de fronteras. Bueno, por ejemplo, una de las vulneraciones fue la de Tarajal, 6 de febrero de 2014, cuando murieron personas después de que las fuerzas de seguridad del Estado, que ya fue condenado en diferentes ocasiones, usaran material antidisturbios en el agua. O en el 2006 (…) cuando, según la Guardia Civil, aplicaba un 'protocolo', y ese 'protocolo', enrte comillas, era tirar a las personas al agua para que volvieran nadando otra vez a territorio marroquí, después de haber sido interceptadas en el mar. Las propias devoluciones en caliente con consecuencia de muerte. Hay una serie de derechos que se ven cercenados. El derecho a estar en familia, como el caso de este bebé, que mencionaba antes... Y por parte de los funcionarios, porque esos funcionarios responden a órdenes de estas políticas que efectuamos y ejecutamos en la zona de frontera. Que efectúan y ejecutan, nosotros no, pero sí los gobiernos de nuestros países.

Autoridades locales, ayuntamientos, diputaciones… el ámbito local. ¿Qué puede hacer y ante quién?

“Yo creo que ahí está un poco la clave. Yo creo que Barcelona está siendo un buen ejemplo respecto a ello. Ahora en la manifestación, el ayuntamiento de Barcelona decide que quienes encabecen esa manifestación sean ciudadanos, funcionarios que han estado trabajando en lo que ha estado sucediendo. Y el ayuntamiento de Madrid tiene una oficina de Derechos Humanos y unos agentes de proximidad que trabajan en los barrios contra estos procesos que se están dando de aumento del odio e islamofobia. Es en los pueblos y en las ciudades donde se construye ciudadanía, es en los pueblos y las ciudades donde están esos esclavos y esas esclavas de la trata laboral, debajo de los invernaderos o en nuestras calles, esas mujeres que están siendo explotadas. Hay una responsabilidad muy grande de los municipios. Municipios comprometidos con los Derechos Humanos son municipios donde todo el mundo se beneficia de ese compromiso con los Derechos Humanos y hay una mejor convivencia y un mejor ejercicio de la ciudadanía. Los municipios y las diputaciones no solo tienen que ser gestoras, no solo tienen que dejarse llevar por sus competencias, porque sean del Ministerio del Interior, o por el control migratorio… eso no es verdad. Hay un compromiso con la defensa de los Derechos Humanos que tiene que nacer de cada municipio y cada diputación, y yo creo que ahí es donde está la clave, porque es en las distancias cortas donde se pueden construir cambios sociales y cambios políticos. Porque ahí es donde se puede luchar contra el miedo que nos están imponiendo esas grandes empresas, los que negocian con el terror, los que sacan beneficios de esa frontera. Yo creo que es en las distancias cortas, con un enfoque de Derechos Humanos, donde hay que trabajar, para que esa propaganda no cale en nuestra ciudadanía. La juventud es muy importante. El trabajo que se haga con esa juventud desde los municipios es importantísima, y yo creo que ahí está la clave”.

Las relaciones diplomáticas, las relaciones con Marruecos, ¿cómo ha afectado a las personas migrantes?

H.M.: “Las relaciones diplomáticas no se basan en exigir el respeto de los Derechos Humanos; Marruecos ha sido también un instrumento en manos de esa externalización de fronteras. Es decir ‘tú nos controlas la frontera, nos haces de gendarme, nosotros te damos dinero’. Y eso ha sido un poder que Marruecos ha tenido, como ha ocurrido también en Turquía, Libia… Bueno, al final las personas migrantes, las personas refugiadas, se han convertido otra vez en un negocio, otra vez en una moneda de cambio entre dos países, y no ha habido ningún enfoque de Derechos Humanos en todo ese proceso diplomático”.

 

[1] El delito de odio o fomento de la violencia contra grupos o personas determinadas por motivos racistas, étnicos, ideológicos, religiosos, etc., pretende proteger el respeto al diferente, sometiendo las libertades de expresión e intelectuales, a un principio superior: “la igualdad y dignidad de todos los ciudadanos”. Está contemplado en el Código Penal y castigado con pena de prisión de uno a cuatro años y pena de multa de seis a doce meses.

Entrevista grabada el 22/08/2017.

Imagen original: Documental 'Irreversibles' de Mundo Negro. http://bit.ly/2vecpEM

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